El feminismo reducido a un asiento en el bus

Rara vez tomo un taxi, vivo súper lejos. Como que nací para andar buseteando, que les diré. Y como muchas de ustedes, sé lo que es otorgarle preciosas horas de la vida a este medio de transporte.

Sé, sobre todo, como es eso de querer ir sentada porque estás cansada y andas con zapatos incómodos. No sé, por esas flats bonitas, pero que  lastiman el talón las muy malditas. O por los tacos elegantes y ajustados que te están matando lentamente como tortura china.

Sé lo que es anhelar desde el fondo del corazón que haya un puesto libre en el bus, porque ese día vas con vestido, y como en Guayaquil todos son unos acalorados, las ventanas del bus siempre van abiertas y el viento juega con la tela de la falta como si fuera una bandera. Querer ir sentada en el bus en situaciones como esas es sencillamente no querer que todos terminen viéndote el calzón.

Pero está bien, chicas. A veces no hay puesto y lo aceptamos. Somos fuertes, nos aguantamos el dolor de los zapatos mal elegidos y nuestras abuelitas dieron a luz entre 6 y 9 veces por parto natural. Ir paradas en el bus da igual.

Creo que a estas alturas debemos estar conscientes de que no tenemos puesto libre garantizado en el bus por ser mujeres.

Quise escribir de esto sobre todo porque ya van algunas veces que leo publicaciones en alguna red social sobre el tema. Alguien le toma una foto a un hombre de pie con un bebé en brazos y acompaña a la foto de una leyenda que ataca al feminismo. Algo así como: “hablan de igualdad y no son capaces de cederle el puesto a él”. O cosas como: “Ahí sí no dicen nada las feminazis”. También recuerdo haber leído posteos que insinúan que  a las mujeres el feminismo nos dura solo hasta que hay que pagar la cuenta, cargar un tanque de gas o aceptar el puesto que nos ceden en el bus. Les juro que lo he leído y he sentido como me late algo en la sien. Y luego me tengo que desconectar porque siento cómo me intoxica la Internet.

Preocupa que todavía no sepan qué es el feminismo.

Esta no es una lucha de las mujeres por ser iguales a los hombres. El feminismo, dice el diccionario y yo quisiera que todos lo sepan, defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres, porque aún en muchas esferas no los tenemos.

Y ahora acabo de recordar que alguna vez leí un posteo de alguien que se quejaba de que odiaba a las mujeres que pedían el asiento en el bus.

No conozco a ninguna mujer de mi generación que alguna vez le haya pedido a un hombre que le ceda el asiento en el bus. Pero soy consciente de que deben existir mujeres que aún lo hacen. Quizás son mujeres a las que les enseñaron que un hombre tenía que darle el asiento a la mujer en el bus, abrirle la puerta cuando se baje del auto o pagarle la cuenta “porque eso hacen los caballeros”.  Todas esas cosas que yo, y  muchas mujeres de esta generación, no pedimos y no nos importan. En serio, nada de eso importa.

A mí me importa que el domingo una mujer fue degollada en Ambato y el principal sospechoso es su esposo. También me importa que hace un semana, en Quito, a una mujer la mataron cortándole  los dos brazos y su cuerpo  desmembrado apareció en una quebrada; el principal sospechoso también es su esposo.

Importa que el debate sobre el feminismo se esté reduciendo al dilema de ceder el puesto de un bus. Mientras existan asesinatos horrorosos como esos, no nos importa si nos ceden o no el asiento. O si hay mujeres que ceden o no el asiento a hombres con bebés en brazos. Intentan ponernos en el equipo de las “malas”. Como si por situaciones como esas —causadas por algunas, no todas— todo lo que sufren las mujeres no mereciera reclamo.

(Y sí, creo que todo ser humano con un bebé en brazos necesita que le cedan el puesto. No porque se canse la persona, es sobre todo porque con un frenazo del bus o una curva mal tomada, etc, se pone en riesgo la vida del nene. Lo mismo con embarazadas. No es algo que tenga que ver con feminismo, hay que hacerlo por el bebé y ya).

Indigna que existan personas que quieran reducir el debate a una tontera como un puesto en el bus.

Hay un preocupante y creciente número de asesinatos de mujeres en Ecuador y en el mundo. Pienso en las violaciones, en el acoso, en el maltrato psicológico, en la brecha de estudios y la salarial,  en el techo de cristal…

Yo también quisiera que el feminismo no existiera. O sea, que no hubiera hecho falta inventar un término que agrupe todo esto que nos pasa por ser mujeres.

En serio, no estamos locas. Nada de esto es inventado.

Alguna vez alguien me dijo: “En Ecuador todas conocemos a una mujer a la que su marido le ha pegado”. Yo creo que es cierto, me molesta y quiero que cambie, ¿ustedes no?

¿Es muy nazi querer eso? Por favor, dejen de usar ese término. Es cruel, demasiado bajo.

 

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios sobre “El feminismo reducido a un asiento en el bus

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  1. Bien escrito. Mucha gente critica y dsconoce lo que es verdaderamente una lucha por EQUIDAD y RESPETO. Toman los términos como una guerra de géneros cual fuera un reality de TV. Y ciertamente es muy errado usar un calificativo fascista para denominar un movimiento que boga por libertad y derechos.

  2. A mi me han cedido el asiento del bus todo el tiempo desde que soy padre y cargo tengo que subir con uno de mis pequeños en brazos al bus.
    Me gustó el post. Creo que al menos en nuestro pais el asunto está cambiando poco a poco, pero esto ha provocado mucha discriminación, odio e incluso abusos en contra del genero masculino “solo por ser hombres”… ¿podrías escribir un post al respecto? Saludos.

    1. Hola, David. Gracias por leerlo. No se me ha ocurrido escribir sobre los abusos que sufren los hombres, no niego que existan, pero la verdad es que me da la impresión de que es un problema menos recurrente que los abusos que sufren las mujeres. En todo caso, pienso que lo ideal es que el ser humano, independientemente de ser hombre o mujer, sea capaz de ponerse en los zapatos del otro. ¡Un abrazo!

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